Last harvests of summer

“Un idealista es aquel que, al notar que una rosa huele mejor que una col, concluye que hará una sopa mejor”.

Herny Louis Mencken

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Este año: los tomates, un fracaso pues pocos hemos recolectado. Los pimientos del padrón, que unos pican y otros no, picaban todos, anestesiaban la boca. Las fresas, el gran descubrimiento y triunfo, habiendo aprendido también a obtener de los nuevos brotes, nuevas plantas que darán fresas el próximo verano. En cualquier caso, lo más valioso: cosechar de vez en cuando algo que has hecho crecer tú mismo.

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“El lugar ideal para mí es aquél en que es más natural vivir como extranjero”.

Italo Calvino

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“Hay que trabajar, si no por gusto, al menos por desesperación porque, hechas las necesarias averiguaciones, trabajar es menos aburrido que divertirse”.

Charles Baudelaire

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Una receta sin título

Hoy que se celebra la final de la segunda edición de un programa televisivo de cocina (tan de moda), me he sentido inspirado para hacer un sencillo plato, pero muy sabroso y contundente. Como la cocina es toda una “ciencia”, publico esta entrada en dicha categoría y, como estamos en verano y los huertos de padres y familiares producen calabacines, berenjenas, tomates, pepinos, cebollas a más no poder, y los gallineros dan huevos caseros tan, tan diferentes de los que se adquieren en supermercados…en fin, que me he acordado de un tema musical que escuché en mi adolescencia y me resultaba tan divertido, que lo comparto, vía youtube, con los lectores de mi blog:

En cualquier caso, todo lo anterior es simplemente una excusa para poder publicar en este blog (que no es de cocina), una receta en homenaje de una compañera bloguera (que sí que tiene un blog de cocina: dulcedelimon) que hizo una magnífica aportación a través de sus comentarios en una de mis publicaciones y me animó a que publicara alguno de los platos que me gusta preparar. Ahí va:

¿?

1º) La base es una tortilla francesa a las finas hierbas, para la cual he utilizado tres huevos, albahaca, eneldo, orégano y romero.

2º) Por otro lado, se parten láminas no muy finas de berenjena, las cuales se deja reposar con un poco de sal y pimienta negra por encima durante unos 10 minutos. Después, se hacen a la plancha con un chorreón de aceite de oliva (en mi caso he utilizado uno de los mejores aceites del mundo, que es de la localidad pacense de Los Santos de Maimona) hasta que se doren (esto se puede hacer al mismo tiempo que la tortilla).

3º) En una sartén, con un poco de aceite, se sofríen ligeramente dos dientes de ajo, añadiendo posteriormente algo menos de 100 g de fiambre de pechuga de pavo cortada en daditos pequeños hasta que se dore. En ese momento se añaden unos 75 ml de nata de cocinar y no se deja de mover hasta que cuaja (pero no mucho).

4º) En un plato plano grande se pone como base la tortilla y encima de ésta las láminas de berenjena. Añadimos a continuación la “salsa” hecha con los ajos, el pavo y la nata, cubriendo las rodajas de berenjena. Vamos a partir un tomate en láminas de más o menos medio centímetro de grosor que iremos montando sobre la salsa de pavo y nata. Posteriormente espolvoreamos un poco de estragón y, encima de todo, unas láminas finas o taquitos muy pequeños de queso azul (al gusto, aunque no mucho, ya que es un queso con mucha fortaleza y, por tanto, aporta mucho sabor y aroma).

5º) Por último (y con el horno ya precalentado), se le da al plato un golpe de calor en el horno a 225-250 ºC durante unos 10 minutos, por arriba y por abajo (es decir, que se gratine).

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Alguien con habilidad puede tardar entre 30 y 40 minutos en preparar esta receta para dos personas. Que aproveche a quien se anime a prepararlo (a mi me ha gustado bastante esta mediodía). Y si a alguno de mis lectores se le ocurre un nombre para esta receta (o quiere hacer cualquier tipo de observación), le agradecería compartiese su idea conmigo a través de un comentario en esta publicación porque, la verdad, a mí no se me ha ocurrido ningún nombre sugestivo.

Fractal, verde y se come: Romanesco

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¿Montañas? ¿Una imagen microscópica? ¿La superficie de un lejano y extraño planeta? ¿Una imagen creada por ordenador mediante un complicado algoritmo? No, es una fotografía macro de la superficie de esta especie de brócoli llamada “romanesco”.

Este rico alimento posee unas sanas propiedades, que ya eran intuidas desde edades antiguas.

En su crecimiento, debe producirse algún fenómeno de aglomeración que hace que se desarrolle de una manera fractal, como tantos fenómenos naturales. No obstante, el romanesco muestra unas formas picudas y espirales, que lo convierten en una hortaliza realmente bella…y sabrosa.

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Para saber más sobre brócolis, me tomo la licencia de recomendar el siguiente blog:

El brócoli

Una receta improvisada:

La cena de anoche