Cincuenta y cinco minutos

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Cincuenta y cinco minutos es el tiempo que dura una clase; un tiempo tan corto a veces y, a veces, interminable.  Cincuenta y cinco minutos que el profesor emplea en remover conciencias, gestionar emociones, despertar sentimientos, tutelar intereses, renovar ilusiones, resolver conflictos, aclarar viejas dudas, plantear nuevos retos, celebrar éxitos, administrar fracasos, conocerse a sí mismo, entender a los otros, morir de frustración, disfrutar como nadie y enseñar un temario.

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LAS CUATRO LEYES DE DESCARTES, CONTADAS POR ÉL

«Me bastarían estas cuatro leyes, siempre que tomara la resolución firme y constante de no faltar ni una sola vez a su observancia:
-La primera: no aceptar nada por verdadero a menos que lo conociera con evidencia; evitar las conclusiones precipitadas y los prejuicios más que lo que se presentara tan clara y distintamente a mi mente que no hubiera posibilidad de ponerlo en duda.
-La segunda, dividir cada una de las dificultades que examinaba en tantas partes como pudiera y en cuantas fueran necesarias para resolverlas bien.
-La tercera, conducir ordenadamente mis pensamientos, comenzando por los más simples y más fáciles de conocer, y subir poco a poco, como por grados, hasta el conocimiento de los más complejos.
-Y por último, hacer siempre recuentos tan completos y revisiones tan generales que se pueda estar seguro de no omitir nada”.
«Discurso del método»

Fuente: Revista Filosofía Hoy (facebook).