Llama

Tras la sombra de un ideal
me sumerjo cada amanecer;
sueño, con olvidos y temores,
encontrar cariños y pasiones,
palpitar glorioso, fuerte
de mi espíritu mortal.

 
Ni siquiera ya busco
lo que, con ilusión,
aceptaría de buen grado.
Pues me rodea, cerca,
distante, delirio carnal,
imposibles, por todos lados.

 
Una forma, un susurro,
noches de días soleados;
lluvia en los cristales,
lágrimas de un dios olvidado;
pero no, todo se pierde.

 
Será, quizá, porque siempre
traté de abarcarlo todo.
Nunca me conformé con uno
de entre mi colección de mundos,
me deslicé, pobre, en lo irreal.

 
Olvidé pasado y futuro,
hipócrita, desdoblé personalidades,
el placer devino en pena,
el fango inundó mi corazón.
Mi única ambición,
egoismo, maldad, yo.

 
Madurez, social vómito,
inercial sombra,
te odio a muerte
pues estropeas, zorra,
inocencias y vidas soñadas.

 
Y ahora estoy vacío, inerme,
ante tenues metas
y sucias esperanzas,
que no quiero cumplir ni en venganza.

 
Pero me arrastro,
demonio como todos,
fantasma mentiroso,
hacia mis intereses
y asquerosos delirios,
mal llamados placeres.

Antolín Álvaro Sanz

…hace ya más de veinte años.

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