“Ningún hombre sabe nunca cuándo es feliz; sólo puede saber cuándo lo fue”

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Las cuatro nobles verdades del Buda:

1) La primera verdad es que toda la vida es sufrimiento. Si no consigues lo que quieres, sufres. Si obtienes lo que deseas, sufres. La vida humana es como un fuego que chisporrotea entre todo lo que se logra y no se logra.

2) La segunda verdad afirma que el deseo de placer, o, peor aún, el deseo de permanencia en una creación donde todo se mueve, sólo puede hacer más intenso el fuego. Esto significa que cuando se apague, tanto mayores serán el dolor y la pena.

3) La tercera verdad, (ya que nos deleitamos en los cinco sentidos, tratando de evitar el dolor y el sufrimiento), dice que, para evitar el sufrimiento es preciso no añadir más leña al fuego.

4) La cuarta noble verdad es que para apagar la llama de esta penosa existencia, es necesario seguir el óctuple camino.

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El óctuple camino:

· Puntos de vista correctos.

· Correctas intenciones o finalidades.

· Palabras justas.

· Acciones justas.

· Vida correcta.

· Esfuerzo adecuado.

· Conciencia justa.

· Concentración debida.

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Cinco normas (reglas) morales:

– No matar.

– No robar.

– No mentir.

– No embriagarse.

– No entregarse a la sexualidad.

La razón intrapersonal e interpersonal.

Empezamos la semana filosofando con Siddharta Gautama, Buda (563 a.C.-483 a.C.). “No creas en nada, sin importar dónde lo hayas leído ni quién lo haya dicho, a no ser que esté de acuerdo con tu propia razón”, dijo. ¿Estamos de acuerdo?

Fuente: Revista Filosofía Hoy (facebook).

Ateo y agnóstico:

“El agnóstico y el ateo tienen en común no creer en Dios, por eso los confundimos fácilmente”, explica el filósofo francés André Compte-Sponville (1952). “Pero el ateo se aleja más, creyendo que Dios no existe. El agnóstico no cree nada: ni que Dios exista, ni que no exista. No niega la existencia de Dios (como lo hace el ateo); él deja la cuestión en suspense. Nadie sabe, en el sentido fuerte de la palabra, si Dios existe o no. La diferencia entre el agnóstico y el ateo, por tanto, no es la presencia o no de un pretendido saber. ¡Afortunadamente para los ateos! Si os topáis con alguien que os dice: ‘Sé que Dios no existe’, en un principio no es un ateo, es un imbécil”. Compte-Sponville no sabe si Dios existe. Lo que sabe es que él no cree que Dios exista. Simplemente, porque la oferta religiosa es “demasiado bella para ser creíble”: ¿Quién no desearía una vida eterna, surtida de delicias paradisíacas? En este aspecto, se identifica con Ludwig Feuerbach, que veía en Dios una estafa genial que valoriza al hombre y le da un sentido a su vida.

Fuente: Revista Filosofía Hoy (facebook).