La joven de las especias

Hace ya unos años vi esta película que, no siendo muy buena, trata sobre especias, que son básicas en la cocina, al menos en mi opinión. He dicho que no es muy buena porque parece prometer mucho y, en realidad, el argumento se va diluyendo, para acabar en nada…o quizá es que no me acuerdo muy bien.

En cualquier caso, aquí dejo el trailer y un enlace a la wikipedia para quien quiera saber más sobre el argumento:

La joven de las especias

Mi pequeña lista de especias (incluidas hierbas aromáticas) que uso frecuentemente en la cocina:

– Albahaca.

– Azafrán.

– Canela.

– Cilantro.

– Clavo.

– Comino.

– Cúrcuma.

– Curry.

– Eneldo.

– Estragón.

– Hierbabuena.

– Jengibre.

– Nuez moscada.

– Orégano.

– Perejil.

– Pimentón dulce.

– Pimienta blanca, negra, verde…

– Romero.

– Tomillo.

¡No compres lotería, imbécil!

Libros que cambiaron mi vida

Una vez al año el telediario, como excepción, deja de relatar tragedias para enseñar a personas felices saltando, llorando y brindando con champagne, contando los planes tan estupendos que tienen para su futuro inmediato.
No os creáis nada, es un anuncio.

Como boletín oficial del régimen, al telediario le toca la fácil tarea de vender uno de los filones del Estado: la lotería, también conocida como el impuesto de los tontos.

El año pasado unos caricaturescos famosos variopintos te vendían tu décimo de una manera surrealista. Algún niño todavía tiene pesadillas al imaginarse la campanilla de Raphael saliendo del televisor. Este año han apelado al miedo más directamente.
El mensaje es claro «El día que dejes de malgastar tu dinero en lotería puede tocar ese número, que te conoces de memoria por que llevas años echándolo, y todos se reirán mientras tú lloras». Quieren que olvides todos los años en los…

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Interstellar (2014)

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El viernes 7 de Noviembre se estrenó Interstellar, de Christopher Nolan y directamente, tras venir de trabajar, comer algo y descansar un poco, fui al cine a verla. No voy demasiado al cine, es más, no voy casi nunca, pero no me arrepiento cuando voy, porque normalmente elijo muy bien los títulos que quiero ver y que por diversos motivos, me interesan. Es el caso de esta película, de la cual me llegaron noticias por algún blog que no recuerdo, hace más o menos un par de meses. Bien, no me ha defraudado en absoluto…¡me ha encantado! La forma de narrar la historia, los tiempos, las imágenes del espacio exterior, los efectos especiales. No digo que sea perfecta pues, como toda película de ciencia ficción tiene algunas contradicciones, pero es cierto que se nota un asesoramiento científico por parte de algún físico (soy físico y está muy bien construida), y también se la podría achacar en algún momento cinco o diez minutos de «paja».Esp1

Pero lo que realmente me ha hecho pensar en escribir esta publicación es la historia que cuenta, o más bien, el anhelo humano que muchas veces me asalta, la «fibra sensible» que toca con el guión, que no es ni más ni menos que la colonización del espacio por parte de la raza humana. Desde siempre me ha apasionado la astronomía y la astrobiología, el cosmos, el universo y el infinito. No obstante, desde hace algunos años vengo pensando que los seres humanos como especie hemos evolucionado y, tras miles de años, logrado desentrañar grandes secretos de la naturaleza como son sus fuerzas fundamentales (gravitatoria, electromagnética, débil y fuerte, en una primera aproximación). Hemos desarrollado una tecnología que, si no es lo suficientemente eficiente, nos ha llevado a una contradictoria situación de bienestar en algunos lugares del planeta y otras situaciones bien distintas en otras zonas de la Tierra. Desde luego, desde el punto de vista ético, esas diferencias son las que primero debieran desaparecer. Posteriormente hablaríamos sobre el respeto al resto de seres vivos que pueblan este verdadero edén dentro de nuestro sistema solar y quién sabe si de toda la galaxia (estoy seguro que hay vida en muchos rincones del universo, pero éste es muy, pero que muy grande).

Esp2Todo lo anterior me lleva a una conclusión evidente (en mi opinión personal, por supuesto) que es nuestra obligación de intentar expandirnos por el sistema solar, por la galaxia y, en última instancia, por todo el universo… Puede parecer (y es) una idea muy prepotente y posiblemente inabarcable…mas únicamente con los medios de los que disponemos actualmente y con las leyes físicas que hemos logrados desentrañar. Creo firmemente en la capacidad humana de lo peor, pero también de lo mejor (si hubiera perdido esa creencia, seguro que no podría seguir enseñando matemáticas a los jóvenes). Con nosotros, expandiríamos la vida por otros planetas yermos, sembrando posibilidades futuras. No es posible ahora, pero el afán de superación debe servir para intentarlo, para estudiar formas de viajar, aunque sea en un medio de transporte que tarde generaciones en llegar a puerto, a las estrellas. Se ha de potenciar la investigación científica para intentar avances en teorías que puedan llevarnos a atajos temporales en tan largas travesías. Se ha de fomentar la investigación para, antes de partir, haber logrado información de posibles destinos compatibles con nuestra existencia o que puedan ser transformados de tal manera que permitan su colonización. (También deben proveerse fondos económicos para la investigación por otras muchas y muy importantes razones como puede ser la salud, el bienestar de todos, la conservación de la naturaleza…).Esp3

Es nuestra obligación como especie, como especie «inteligente» en este planeta, el darnos cuenta que no podemos jugar todo a una carta, que el futuro no nos pertenece pero comienza con nosotros, que debemos llegar y terraformar Marte si es posible, que hemos de llegar a lunas de Júpiter o de Saturno, como sea y cuando sea. Que tenemos que emprender este viaje para las generaciones venideras, pero que tenemos que emprenderlo ya (y dejar de perder el tiempo en tonterías intestinas como dependencias e independencias, referémdums 9N, días de patrias, luchas internas por diferentes creencias, ya sean religiosas o ideológicas, por economías, flujos monetarios o índices de riesgos de inversión en estados). Todos vamos en el mismo barco, de una manera u otra, formamos parte de algo mágico que no tendría porqué haber sucedido al suponer una violación de la segunda ley de la Termodinámica: la VIDA. Hagámosla llegar lo más lejos posible.

Más información sobre Interstellar:

La tercera

Xataka

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Historia de un círculo y de un cuadrado

En la página de un libro de geometría que había firmado Comberousse se encontraban un cuadrado y un círculo.

Como el libro era poco consultado, los dos se aburrían y generalmente disputaban.

– Yo soy más grande -decía el primero-. Pues un círculo es un cuadrado cuyos ángulos han sido recortados.cuadrado

El círculo replicaba:

– Es todo lo contrario justamente, pues un círculo es un cuadrado en el cual se ha soplado y así se ha hinchado.

Como no podían ponerse de acuerdo sobre la superficie, pasaron a hablar de la belleza.

– Yo soy el símbolo de la solidez -decía el cuadrado-. La igualdad de mis cuatro lados y sobre todo mis ángulos, mis ángulos de ochenta grados (este cuadrado no era muy sabio), confieren a mi figura una armonía vigorosa y segura.

circunferenciaEl círculo respondía:

– En la solidez que tanto alabas, no veo sino vulgaridad. Tu vigor primario no me seduce nada. Te considero como una medida de superficie y nada más. En cuanto a mí, de todas las curvas soy la que mejor está hecha. Los astros adoptaron mi contorno, los artistas siempre recurrieron a mi curvatura y los hombres andan alrededor de mí pues, como sabes muy bien, nada conmueve tanto su carne como el orgulloso hemisferio de un trasero o de un seno femenino. En lo que se refiere a la utilidad, si deseas que hablemos de eso, mi superioridad en este dominio es absolutamente segura. Soy la rueda y habría que ser loco, convendrás en ello, para no admitir que la rueda lo es todo.

– Si no es todo, es sin embargo mucho -reconoció el cuadrado-. Pero yo presto también algunos servicios; soy la base, créeme, de los edificios más durables.

El círculo se encogió de arco.

– Tú eres estático y lo que no se mueve muere; así lo señalan las estadísticas. Yo soy movimiento y en ese terreno soy irreemplazable. Si las ruedas de las carretas fueran cuadradas, creo en verdad que sería difícil hacerlas avanzar.

Y así reñían durante días enteros. Nadie se atrevía a ponerlos de acuerdo. Habría sido un problema tan arduo y vano como el de la cuadratura del círculo.

Ahora bien, un día un niño que volvía las páginas del libro y al pasar hacía garabatos, dibujó rostros en una y la otra figura. El cuadrado quedó convertido en una cabeza austera y bigotuda. Al círculo le puso cabellos y pestañas en los ojos y le infundió un aire tan gracioso que era menester de toda evidencia pasarlo al género femenino y que por decencia se lo llamara una circunferencia.

Fácil es adivinar lo que ocurrió después. La curva y la rigidez que antes los había irritado durante tanto tiempo parecieron llenos de atractivos a sus sexos opuestos. Púberes, se miraron, luego se amaron y se casaron.

Al principio todo marchó bien. Es natural. La circunferencia se complacía en rodar sobre los lados de su cuadrado y experimentaba placer en demorarse en los ángulos duros que le cosquilleaban su curvatura.

Pero luego la circunferencia se cansó. Como era de cascos ligeros, no tardó en descubrir a polígonos menos monótonos en las cercanías de la página. Primero la sedujo el rectángulo por su silueta espigada. Mantuvo relaciones con él. Luego admiró la elegancia esbelta del rombo y el perfil aguzado del triángulo. También se solazó con el trapecio, y con el paralelogramo creyó que rendía el alma.

En su rincón, el cuadrado se aburría. Lo irritaba ser cornudo. Luego fastidiado se preguntó cómo podría reconquistar el amor y los favores de su voluble esposa.

Se puso a considerar a sus rivales y, como no era tonto, llegó a la conclusión de que era demasiado grueso.

«Demasiado grueso», pensó «y ¿por qué no confesarlo?, demasiado cuadrado». Habría querido transformarse pero, ¡ay!, sus ángulos, sus ángulos de ochenta grados, como él creía, habían sido determinados para toda la eternidad.

Como no podía deformarse, un día se le ocurrió la idea de plegarse. Lo hizo por su diagonal y, en virtud de una trivial maniobra, se redujo a la mitad con lo cual se convirtió sin más ni más en un triángulo isósceles y rectángulo.

La circunferencia, conquistada por ese audaz artificio, volvió a sentir gusto por su esposo.

De su hipotenusa la circunferencia se hizo un diámetro e hizo cuerdas de los lados que la estrechaban tensamente o bien se refugiaba en el hueco de sus bisectrices donde la abrazaba su tierno perímetro.

Pronto, sin por ello ser más o menos redonda, la circunferencia se encontró embarazada, pero no quisieron tener por hijo a una figura híbrida, ni siquiera a un pequeño polígono como aquellos grandes con los cuales ella no había tenido reparos en tratar.

Hicieron el voto de que en su momento la circunferencia diera a luz un teorema.

Y fue, en efecto, un teorema el hijo que tuvieron, un hijo grande y fuerte. Lo llamaron Pitágoras.

Teorema Pitagoras

 

Jean-Pierre Alem; Nuevos juegos de ingenio y entretenimiento matemático.