Ateo y agnóstico:

“El agnóstico y el ateo tienen en común no creer en Dios, por eso los confundimos fácilmente”, explica el filósofo francés André Compte-Sponville (1952). “Pero el ateo se aleja más, creyendo que Dios no existe. El agnóstico no cree nada: ni que Dios exista, ni que no exista. No niega la existencia de Dios (como lo hace el ateo); él deja la cuestión en suspense. Nadie sabe, en el sentido fuerte de la palabra, si Dios existe o no. La diferencia entre el agnóstico y el ateo, por tanto, no es la presencia o no de un pretendido saber. ¡Afortunadamente para los ateos! Si os topáis con alguien que os dice: ‘Sé que Dios no existe’, en un principio no es un ateo, es un imbécil”. Compte-Sponville no sabe si Dios existe. Lo que sabe es que él no cree que Dios exista. Simplemente, porque la oferta religiosa es “demasiado bella para ser creíble”: ¿Quién no desearía una vida eterna, surtida de delicias paradisíacas? En este aspecto, se identifica con Ludwig Feuerbach, que veía en Dios una estafa genial que valoriza al hombre y le da un sentido a su vida.

Fuente: Revista Filosofía Hoy (facebook).

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